Ni en la Noche del Cabrito hay una familia normal

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En estos días decembrinos en que todos en los hogares están pendientes de la celebración de la navidad y el año nuevo, es momento también para reflexionar sobre lo que ocurre puertas adentro de nuestras casas y entender que no siempre somos la familia “muy normal” que creemos.

Los sentimientos están a flor de piel en estos días y el recuerdo de cualquier altercado o rencilla que podamos haber tenido durante el año puede ser un detonante para que la fiesta se transforme en un campo de batallas. Tomemos por ejemplo una familia donde padre, madres y dos hijos, junto a la madre de ella se preparan para pasar una noche frente a un  cabrito y disfrutar de las fiestas.

Esta familia tiene un invitado, no uno cualquiera, sino un joven que profesa una religión distinta a la de la familia, detalle menor pero que no pasará desapercibido. Todos ellos guardan secretos, temores, miedos, frustraciones, esperanzas, deseos, en fin… qué familia no tiene esos “cadáveres” en su clóset.

La familia de la que estoy haciendo mención es una que surge de la mente del dramaturgo catamarqueño Alberto Moreno, que junto a los aportes realizados por los actores, concibió la pieza “La noche del cabrito o la sirena varada”, obra que cerró como invitada la 32 Fiesta Provincial del Teatro 2016 de Jujuy, en los espacios de La Hilandería Teatro.

En la obra – dirigida por el propio Moreno –  se cuentan los preparativos que viene realizando la familia protagónica conformada por el Padre (Luis Palacio), la Madre (Carla Acosta), la Suegra/Abuela (Silvia Pérez), la Hija (Sofía Cacciato, el Hijo (Fernando Uro),  y el invitado que nunca falta en estas fechas (Iván Contreras) para la celebración de la cena navideña.

Desde la mañana vemos todo lo que ellos hacen, con aparente normalidad: la madre comienza los preparativos, amasando el pan, cortando verduras, mientras la hija pretende pasar el día en la piscina – sin ayudar en nada en los preparativos – y la abuela está ocupada en criticar al yerno, a los vecinos y a su propia hija. Entre tanto, el hijo ensimismado en sus temores internos, dudas, y conflictos, mientras el padre parece que está cortando el césped, martillando, en fin… haciendo arreglos en la casa para que la festividad llegue a una casa lo más arreglada posible. 

Al parecer, todo es “normal” en este hogar, pero al pasar las horas las tensiones se harán presentes, teniendo al invitado como un jugador principal aunque involuntario y mientras la temperatura sube   – que obliga a participar más en la piscina – la atmosfera se va calentando como si se tratara de una olla de presión y comienzan a aparecer los verdaderos conflictos y rencillas familiares.

Al final, llegara la hora de la cena y un hecho fortuito terminará por desequilibrar el momento familiar llevándose todo como si fuera un crecido río que arrasa con todo a su paso, rompiendo la paz del grupo y como si se hubiera roto un jarrón, lo que sigue no será fácil de reparar. 

Hasta aquí uno puede pensar que la obra es una propuesta tradicional de una familia típica de Argentina, o de cualquier otra latitud americana, o mundial, porque los conflictos familiares no responden a una frontera, sino que son geográficamente democráticos. 

En una entrevista publicada en La Gaceta, Alberto Moreno expresó el tema de utilizar la navidad como escenario surgió para “indagar en ese juego de acomodación, amenaza y estallido, no con la intención de hacer una crítica a la Navidad en sí, sino para indagar en los modos de comportamiento de las personas. De alguna manera esa fecha es la excusa para poner en el tapete, también, las políticas y responsabilidades en torno al deseo”.

Lo atractivo de la puesta en escena es que no hay un género específico, sino que hay un sincretismo que puede unir la comedia, la tragedia, el costumbrismo, el minimalismo, el teatro dentro del teatro, con la propia participación del autor/director, y espacios para que los personajes se “desahoguen”, como si estuvieran en un cuarto aislado de un reality show.

Además de los temas familiares, un aspecto que toca la obra de Moreno, aunque él mismo mencionó que no era un tema principal, es el de la religión, lo que se evidencia en la conversación que sostienen la abuela con el invitado sobre las tradiciones decembrinas, la biblia y otros tópicos entre el catolicismo y los cristianos. Esto  aunque parece trivial en pleno siglo XXI creó ruido en alguien del público, que simplemente se levantó y se marchó – aparentemente molesta con la forma de tratar este asunto. Sin querer revelar mucho de la obra, porque la idea es que la vean, si la persona que se marchó  se fue por lo que había visto, imagino que moriría con el final del pobre invitado.

 

En la puesta hay realismo, por lo que dicen los actores y la manera en que lo expresan, en sus acciones físicas – sobresaliendo el momento en que el padre relata cómo parecieron sus cicatrices o los momentos íntimos de las intervenciones del hijo (que canta en inglés con muy buena voz) y la hija 8con un baile descontrolado y desenfrenado que le sirve de catarsis para el resto de su vida “normal” –  en sus interrelaciones, pero también hay un realismo mágico con la intervención del director o en esos momentos de “revelaciones” de los personajes que se dirigen al público para contar sus cosas íntimas, esas que no se dicen en público.

La figura del director está presente en el montaje, no solo porque aparece en algunas escenas – ya sea ayudando a un actor que se salió de la luz o regañando/retando a otro actor que se “extralimitó” en su papel – sino porque se siente en las acciones de los actores. En la forma en que los personajes se mueven en la escena, y en los planos que se ejecutan a la vez, permitiendo que el espectador pueda dirigir su mirada a cualquier parte del escenario, porque siempre hay algo pasando. 

“La Noche del Cabrito o la Sirena Varada”, es una co-producción de La Corredera y La Dulcera Teatro, que ganó la XXII Fiesta Provincial de Teatro – Catamarca 2014 y participó del Encuentro Regional de Teatro realizado en Tucumán y de la Fiesta Nacional de Teatro Salta 2015. Además de ser reconocida como la mejor obra en la 30º Fiesta Nacional del Teatro.

Esta no es una obra fácil de entender o de digerir, pues hay planos y subplanos de actuación, de diálogos, de enfrentamientos. Pudiera uno quedarse simplemente con lo que ve en escena y creer que entendió lo que quiso decir el autor, pero conociendo su método de trabajo – que explicó en su taller de dramaturgia  dictado en Jujuy y que se basa en la construcción desde dispositivos escénicos – se entiende que lo que él quiere ofrecer al público va más allá de la simple contemplación e implica un mayor compromiso del espectador, que debe descifrar los códigos que maneja Moreno, que son su búsqueda estética y de propuesta conceptual.

Que “La Noche del Cabrito o la Sirena Varada” haya cerrado la 32 Fiesta Provincial de Teatro del 2016 en Jujuy fue una experiencia distinta a lo observado en este encuentro, con una obra que plantea temas universales y con una propuesta escénica que puede servir para que productores jujeños experimenten con propuestas más amplias y no de pocos personajes, o esa es mi Visión Particular.

Francisco Lizarazo

@visionesp

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