Salsa… en el sentimiento latino

En el sentimiento latino existe cultura, tradiciones y una profunda herencia musical, criollismo lírico que otorga alegría, autenticidad, romanticismo, así como una descripción de nuestra identidad.

Latinoamérica, que sabe ser pueblo, vive su historia, lucha desde su conciencia, se brinda, aporta sensibilidad sin fronteras… ahí, donde nos llamamos hermanos. Por todo ello, en este artículo rendimos un entintado homenaje a una manifestación rítmica de nuestra unión… la salsa.

Ancestros rítmicos…

Durante el periodo colonial, hermanos africanos llegaban como esclavos a la nombrada América para brindarnos una herencia rítmica milenaria, sonidos de percusiones con gran riqueza cultural. Tiempo después, la contradanza europea llegaría a Cuba, hermanos haitianos inmigrarían a la gran isla caribeña para dar forma a un criollismo lírico, y cuentan que las hermanas Ginés realizaron el primer son cubano “Son de la Ma´Teodora” en 1560.

En las dos primeras décadas del siglo XX, el son, la rumba y el montuno desarrollan un patrón rítmico llamado “clave”, que fuera parte esencial en el desarrollo de la música afrocubana, tropical y latinoamericana.

En la lírica latina, los delirantes años veinte destacaron con el puertorriqueño “Jibarito” Rafael Hernández Marín, considerado como “padre de la guaracha” con sus piezas orquestales “El cumbianchero” o el inolvidable bolero tropical “Lamento borincano”, donde muestra los sentimientos hacia su pueblo. También el cubano Arsenio Rodríguez, quien desarrollaría el son montuno, incorporaría la tumbadora a su orquesta y registra el primer mambo “Yo soy Kangá”, mejor conocido como danzón mambo.

El chachachá iniciaría a finales de los años treinta, como una variante del danzón con el son montuno y que fuera posicionado por el director de orquesta cubano Enrique Jorrín. En esta década, algunos nombres de grandes exponentes de los ecos afrocubanos ya se escuchaban, tales como: Chano Pozo, Mario Bauzá, Tito Gómez, Machito o Ignacio Piñero quien grabara en 1933 el tema “Échale salsita”.

Tres orquestas dominaban la escena latina en Nueva York de los años cuarenta: Los Afro-cubans de Machito con su cu-bop, género que diera las bases junto a Mario Bauzá, Chano Pozo, Dizzy Gillespie y Charlie Parker de lo que sería conocido como latin jazz; los boleros en un tipo de mambo con son montuno del puertorriqueño Tito Rodríguez; así como el joven percusionista estadounidense de origen puertorriqueño Ernesto Antonio Puente, conocido como “Tito Puente”, quien con sus mezclas de jazz latino con mambo, son y chachachá, lograra fama a finales de esa década. Cabe señalar, que tanto Machito como Tito Puente, declararon que mucho antes del surgimiento de la salsa, ellos ya interpretaban esta miscelánea rítmica.

En otras latitudes, el músico cubano Cheo Maquertti, después de vivir una temporada en México, regresa a su país y funda el Conjunto Salseros, inspirado en el picante mexicano.

La guaracha, el chachachá, así como otros ritmos oriundos de la gran isla tomaban fuerza en los Estados Unidos y en los cincuenta aparece la pachanga, creación melódica de la reconocida agrupación cubana Orquesta Sublime, fundada el 21 de enero de 1956 por el reconocido violinista, arreglista y compositor Melquiades Fundora.

Eddie Palmieri con su Conjunto La Perfecta posiciona el mozambique en los cincuenta, con temas como: “Conmigo”, “Mi guajira”, “Oigo un tumbao” o “Ritmo Caliente”. Mientras que Enrique Jorrín incluye trompetas a la charanga y Pérez Prado le añade saxofones al mambo.

Después de la Revolución Cubana, a mediados de los años sesenta, el último antecesor de la salsa surge en Nueva York: el boogaloo latino, fusión de ritmos afrocubanos con el R&B, que integró a artistas como Pete Rodríguez, Richie Ray, La Lupe, Ray Barretto, Manny Corchado o Andy Montañez.

Un nuevo ritmo…

La inmigración de puertorriqueños a la ciudad de Nueva York en los años sesenta, los movimientos civiles de aquella época y la unidad latina en los Estados Unidos, creó un grupo social llamado “Young Lords” dentro de los “nuyoricans”, que exponía la creatividad artística de los barrios latinos. Los “nuyoricans”, inspirados por el gran legado rítmico de maestros cubanos, una integración de varios instrumentos al set de percusiones, algo de música negra de moda y el sentimiento de calle, comienzan a crear la fusión sonora más grande que haya existido… la salsa.

Algunos temas inaugurales de este misceláneo género musical fueron: “Moliendo café”, composición del músico venezolano José Manzo Perroni en 1958; el sexteto de Joe Cuba lanza “El Pito (I’ll Never Go Back To Georgia)” en 1965 con tintes de boogaloo; el “comején” de Richie Ray y Bobby Cruz en 1965; El Gran Combo de Puerto Rico graba “Falsaria” en 1969 y la orquesta de Willie Colón, quien incorpora los trombones a la salsa con Héctor Lavoe como vocalista crean “Che che cole” a finales de los sesenta.

Respecto al nombre, existen diversas teorías. Una historia relata que Richie Ray durante una entrevista en 1968 con el locutor de radio venezolano Phidias Escalona, indicó que la música que interpretaban tenía sabor, como la salsa kétchup; por otro lado, Bobby Cruz llamó a su LP de 1968 Salsa; Ed Morales indica que la salsa era una expresión entre los músicos; mientras que el diseñador de Fania Records, recuerda que el nombre de salsa fue consolidado como género gracias a esta disquera.

En definitiva, la firma neoyorkina Fania Records fue la que posiciona la salsa a nivel mundial, revoluciona el mundo de la música latina y se convierte en un referente de este ritmo, sello discográfico fundado en la ciudad de Nueva York por el productor, promotor y empresario estadounidense Jerry Masucci, en conjunto con el músico de origen dominicano Johnny Pacheco en 1963.

Fania All Stars se creó en 1968 e integró a los artistas: Larry Harlow, Richie Ray, Papo Lucca, Mongo Santamaría, Yomo Toro, Bobby Valentín, Ray Barreto, Roberto Roena, Johnny Pacheco, Louie Ramírez y a cantantes como: Celia Cruz “La reina de la salsa”, Héctor Lavoe “El cantante”, Willie Colón, Rubén Blades, Cheo Feliciano, Ismael Miranda, Ismael Quintana, Santos Colón, Adalberto Santiago y Pete “El Conde” Rodríguez. La orquesta realizó presentaciones por los cinco continentes y sus primeros discos fueron grabados en vivo Live at the Red Garter, Vol. 1 (1968) y Live at the Red Garter, Vol. 2 (1969).

En materia de instrumentación, Juan Formell incluye el bajo eléctrico, Yomo Toro adiciona el cuatro puertorriqueño y Larry Harlow el piano electrónico en 1970. Las letras salseras hacen mención a la discriminación, la sensualidad, la ruptura de los tejidos sociales, la identidad latina y la descomposición urbana.

A inicios de los setenta, la salsa era especialmente de los latinos en Nueva York, Héctor Lavoe se convierte en su principal representante, Eddie Palmieri crea la “Salsa experimental” con ecos afroamericanos, el programa de radio Sunday Salsa Show del DJ Roger Dawson cuenta con cuatro millones de escuchas, el binomio Willie Colón-Rubén Blades crea en 1978 la joya de Fania el álbum Siembra, algunos clubs de jazz programan a ensambles salseros y surgen las primeras suites de salsa (temas de larga duración).

En otros rincones…

Los ochentas representaron una expansión para la salsa, Latinoamérica era invadida con este ritmo, comienzan a surgir brotes en Europa, África y Japón, así como la aparición del subgénero “Salsa romántica” con acercamiento a la balada  y que contó con representantes como Fruco y sus Tesos (Colombia), Grupo Niche (Colombia), La sonora Matancera (Cuba), Gloria Estefan (Cuba), Oscar D´León (Venezuela), Rubén Blades (Panamá), Luiz Enrique (Nicaragua), Ñico Estrada (Perú), Andy Montañéz (Puerto Rico) y Los Nemos (Colombia).

A finales de esta década, artistas como: Eddie Santiago, Frankie Ruiz, Rey Ruiz, Willie González, Luis Enrique y el joven Gilberto Santa Rosa dan vida a la “Salsa erótica”, donde la sensualidad rítmica y sus letras sexuales, encendieron a la música tropical.

En la gran isla aparece la timba o “salsa cubana”, que utiliza los recursos rítmicos de la salsa contemporánea con la música afrocubana de los años cincuenta y una evolución del songo, destacando conjuntos como: Los Van Van, el Buena Vista Social Club, la Orquesta Aragón o los jóvenes de NG La Banda.

La cumbia colombiana se funde con la salsa para dar como resultado la “Cumbia mexicana”, que concentró a varias sonoras, orquestas y conjuntos latinos en México, lo que convierte a nuestro país en un trampolín para la fama internacional.

En Colombia, suenan conjuntos como Los Titanes, Grupo Niche, Orquesta Guayacán y Joe Arroyo, mientras que el cubano Roberto Torres y el colombiano Humberto Corredor desarrollan en Miami “Segunda capital de la salsa” la charanga-vallenata en los ochenta.

Venezuela combina la salsa a su repertorio de cumbias, merengues y otros ritmos antillanos con géneros cubanos. En Japón se funda la salsera Orquesta de la Luz y los africanos influenciados por la Fania All Stars crean el “congolés”, donde destaca la banda Africando.

Tiempos modernos…

La “Salsa pop”, muy acorde a los noventa, dio a conocer a las estrellas salseras como Jerry Rivera, Dan Den, Marc Anthony, La India, Gilberto Santa Rosa, Gloria Estefan, Víctor Manuelle, Michael Stuart o Maelo Ruiz. Varios de estos artistas contaron con la genialidad comercial del productor Sergio George, quien fuera el padrino de los salseros noventeros.

El nuevo milenio, vivió un revival de la llamada “Salsa dura”, la tradición musical cubana se recobraría, el latin jazz se posicionaría y surgirían algunos híbridos como la salsa-merengue, salsaton, la timba jazz o el hip-hop salsero, así como varias formas de baile como el estilo cubano, puertorriqueño, New York Style, L.A. Style o la Rueda Casino.

Glen Rodrigo Magaña

@HomoEspacios / @glenrod85

Comparte esta publicación

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *