MAR que falta, que se recuerda y se anhela como una pérdida imborrable

Tres hermanos deciden emprender un viaje para cumplir el último deseo de su madre moribunda: ser abandonada en las olas del mar, desconocido para ella, por ser boliviana y nunca haber tenido la oportunidad de sentir el cántico de las olas marinas.

Esta pérdida y cómo lo asume para cada uno de los bolivianos está reflejado en Juana (Alice Guaimaraes), Miguel y Segundo (Lucas Achirico, Gonzalo Callejas), quienes en el camino de concretar el último deseo de la madre moribunda irán dando paso personajes diferentes que también sienten el Mar de maneras diversas.

La obra “MAR” se presentó en Jujuy en el Teatro Mitre, como la única muestra escénica del  II Festival Internacional de Teatro relevos saberes escénicos iberoamericanos. La obra es producto de una creación colectiva del Teatro de Los Andes, con dramaturgia y dirección de Arístides Vargas, director argentino radicado en Ecuador a partir de una situación de exilio.

En esta mirada del dramaturgo nunca faltan los personajes que – en medio de situaciones cómicas – reflejan estados de desesperación, soledad, aislamiento, tensión, frustración y un poco de esperanza en que el futuro deberá ser mejor que el presente. Así que entre las penas, encuentros y desencuentros de los hermanos, se intercalan escenas como la aparición de un viejo coronel y su esposa, que el dramaturgo usa para burlarse de esa sociedad pacata que solo vive de la imagen y de dar órdenes. Reconozco lo mordaz de esta escena, aunque no es de mis favoritas pues le quita la poesía con que viene la obra y la hace más “mundana” y se aproxima más a la farsa y al esperpento que a la sutileza de imagen y acción que venía trayendo el montaje. 

Como dramaturgo Arístides Vargas nos tiene acostumbrados a la poesía en sus obras. No dice las cosas frontales, no porque no pueda hacerlo, sino porque cree en la literatura como herramienta de enseñanza, de reflexión, pone a pensar al público sin que tenga que decirle las cosas por su nombre.

Las alegorías sobre la pérdida de identidad, del exilio, de los espacios son una constante en sus obras, basta ver “Nuestra Señora de las Nubes” o “La Razón blindada” para entender esto, y ahora en “MAR” nos habla de la ausencia, de una pérdida de los bolivianos al no contar con una salida marítima de sus fronteras, que perdieron luego de la guerra con Chile, entre 1879 y 1884, donde Perú perdió las provincias de Arica y Tarapacá; mientras que Bolivia perdió su provincia de Antofagasta … Así, más de mil kilómetros de costas pasan a territorio chileno y Bolivia queda impedida de salida al Océano Pacífico.

Los hermanos -que tampoco se aman entre sí y tienen una relación distinta con la madre – caminan el desierto llevando a la progenitora atada a una puerta de la casa, puerta que siempre representará a la madre (que no se ve en escena) y les permite abrir mundos, para dejar pasar – entre otros – a tres “señoritos” bolivianos que están aburridos y con poses reivindicativas tratan de encontrar algo que les despierte el interés, pero nuevamente se aburren, se hunden en el tedio y así pasan la vida, mirándose el ombligo, perdiendo el tiempo en lo que podrían hacer, en la ropa de marca, en mirar al otro, sin realmente tomar las riendas de sus vidas y hacer algo productivo.

Las diferencias entre Juana, Miguel y Segundo se hacen evidentes a cada paso en el largo camino al MAR. Incluso llegan a pesar en salir de la hermana y dejar abandonada a la madre, pero – sin embargo – siguen caminando para cumplir la voluntad de la moribunda y ahí se abre una nueva puerta para dejar salir a una niña que busca un “mar”, mientras su padre – vestido de marino –  le sugiere asumir con resignación no tenerlo.

Aunque Bolivia posee un gran lago, la frustración por no tener una salida al mar no es solo por una  necesidad de reparación histórica sino que tiene que ver con lo económico, ya que “el enclaustramiento del país impide que exportemos gas a Asia o al hemisferio norte”, según Carlos Orías, vocero del Ministerio de Hidrocarburos, respecto al principal bien de exportación del ese país.  “Si uno calcula que Bolivia recibe unos US$300 millones por mes por el gas que le vende a Brasil y a Argentina, es claro ver el potencial que tendrían los nuevos mercados”, sugirió. Por otra parte, en la Cámara Nacional de Exportadores de Bolivia (Caneb) afirmaron que la falta de un puerto propio ha restado competitividad a los productos bolivianos. “Las materias que exportamos se encarecen porque debemos transportarlas hasta el puerto de otro país y además eso retrasa los tiempos del envío”, explicó la gerente general de la Caneb, Mariana Zamora Guzmán, de acuerdo a bbc.com/mundo.

Otro personaje que aparece en la obra y que también tiene que ver con la historia de Bolivia y los hechos que llevaron a la pérdida del “MAR”  es un fantasma que se pasea por el desierto, encontrando a quienes cayeron en la guerra del Pacífico.

Los hermanos junto a la madre moribunda llegan al litoral y nuevamente la poesía, la danza, el juego de luces y la plástica se ponen de manifiesto para  hacernos un nudo en el estómago por el encuentro con algo deseado y no conocido como es la gran extensión de agua salada que energiza, inspira a poetas como Pablo Neruda que está enterrado frente al mar en Isla Negra y nos hace entender la necesidad de los bolivianos por poner contar con una salida marítima.

Las actuaciones de los tres artistas son dignas de aplaudir de pie, como lo hizo el público que asistió a la sala del teatro Mitre, porque se nota el trabajo, la entrega, la plasticidad en los movimientos corporales y la interpretación de  los personajes centrales, los hermanos, hacen que el cuerpo se estremezca, mientras que los otros roles dan un respiro y alivio a tanta tensión en tre los parientes que llevan a la madre a cuestas.

Mar cuenta con la música de Lucas Achirico, la escenografía de  Gonzalo Callejas;  el vestuario es de Alice Guimaraes y Jacqueline Lafuente Covarrubias, el técnico de luz y sonido es Alejandro Bustamante. La dirección de actores fue de María del Rosario Francés, mientras que la traducción al inglés es de Natalia Barry y la organización general es de Giampaolo Nalli.

Muchos quisieran olvidar… Es más, muchos quisieran que los otros olvidaran, por eso el teatro es la memoria de los pueblos, la que se mete como una piedra en el zapato y hace que recordemos, que tengamos presentes las necesidades, la búsqueda de las reivindicaciones. El mar es más que olas y una vida más sabrosa, como reza la canción, o una salida para los bolivianos. Es una metáfora, es memoria, es teatro y esperanza de vida, o esa es mi Visión Particular.

Francisco Lizarazo

@visionesp

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