Dios ha muerto y los ratones salen de su madriguera

El tío Darío ha muerto y ahora – luego del duelo – surge la pregunta: ¿Y si montamos una funeraria? eso da dinero porque la gente siempre se muere, es que “está de moda morirse”.

Así comienza “Silenciadas las mareas silenciadas”, una obra de teatro con una trama ambigua, porque si bien el inicio pareciera una cosa, el desarrollo de la pieza nos va llevando por un terreno movedizo que se aleja de la premisa inicial para adentrarnos en un mundo más oscuro, menos divertido y jocoso – como pudiera ser hablar del negocio de velar a los muertos – del que poco se habla y mucho se padece: la prostitución, principalmente la de los bajos fondos, la de los marginales, la de los que no tienen nada que perder y mucho menos que ganar.

El boliviano Alejandro Bustamante (Panzón) y el argentino Tomás Masariche (Ismael) son los primeros actores que vemos en escena. Ellos comienzan lamentando la partida de este plano del Tío, recordándolo con alcohol – qué fiesta, celebración, reunión, velorio, entierro no lleva consigo una dosis de alcohol – para luego surgir la idea del emprendimiento mortuorio, nada descabellado como negocio ni nada excéntrico en una obra de teatro, recordemos por ejemplo la obra Funeral Home (1958), del salvadoreño Walter Béneke –  pero la trama se separa de esta idea inicial cuando aparece Ana, la argentina María Eva Palottini,  y de ahí en adelante comienza un recorrido ideológico y semántico sobre el papel de la mujer en nuestras sociedades contemporáneas latinoamericanas.

El grupo La Ruda Teatro estuvo en Jujuy cumpliendo una extensa agenda de presentaciones de esta pieza, junto a otras actividades – más académicas – para mostrarnos su concepto del teatro moderno y esta relación de las mujeres que buscan salir de la opresión que significa la prostitución, frente a una cruel realidad que es que aún hoy en medio del siglo XXI sigue siendo un negocio lucrativo, más que el funerario, con consecuencias más que evidentes para las mujeres.

El famoso tío Darío no era otro que el proxeneta o dueño del bar de mala muerte donde trabajaba Ana y – desde su aparición en escena – ella tomará las riendas de este representación para alzar su voz, en medio de la violencia física y psicológica, contra ella y Ana contra Ismael, mientras Panzón  es más neutral, aunque de tanto en tanto también le toca algo en la repartición de violencia.

La historia de Ana es la de la mujer sin pechos, abandonada, vendida de pequeña a un hombre mayor que la inicio en la prostitución. Su deambular por ese mundo podrido y de humillación. Los golpes, los desprecios, todo mezclado con grandes cantidades de alcohol.

Pero en medio de la historia de Ana vemos que Ismael está dominado por el amor, por Ana obviamente, a la que le manda cartas, pero lo que recibe de ella es rechazo, y no der manera sutil, lo que lo lleva a él al psicólogo, que lo induce a beber como una terapia para sacar sus problemas, o para poder tomar con su paciente.

En los galpones recuperados de la Tupaj Katari la situación representada se siente como anillo al dedo. Es un galpón con luz que entra entre rendijas, que por más que taparon para crear aislamiento siempre se colaba algo de luz. La atmosfera se apuntalaba con  luces amarillentas creando un mundo de bajo fondo, de cabaret o de lupanar, perfecto clima para que los demonios de estos personajes salieran y atrajeran al público hacia las bajas pasiones humanas.

Los diálogos son fuertes, pensados, con la carga suficiente para sentir que llegan al cuerpo, no en balde dicen que los niños, los locos y los borrachos siempre dicen la verdad y estos tres actores saben actuar de beodos diciendo textos que queman.

Ana no es la típica mujer sufrida que llora por la vida que lleva – o que la obligan desde niña a llevar – ella se revela, tomando en cuenta que Dios o el poder patriarcal ha muerto y ya sabemos que una vez desaparecido el gato, lo ratones hacen fiesta y salen de la madriguera – o del mueble –  por eso se enfrenta a Ismael, con las características de la borracha impertinente, que dice grandes verdades.

A veces los diálogos carecen de ilación o de lógica, nada extraño en tres borrachos hablando, pero de improviso venía la lucidez que golpeaba más que el aliento del beodo.

El final es la despedida, la partida, ¿la emancipación? o la ¿búsqueda de un nuevo horizonte? sabiendo lo que se deja atrás, como el aprendizaje de una vida opresiva dedicada a la prostitución… Ana traviesa una gruesa puerta y se marcha… Atrás quedan Ismael y el Panzón, tal vez aún hay tiempo para una copa antes del cierre definitivo, quizás no. La vida no siempre da segundas oportunidades. Sin embargo, los actores se han ganado el merecido respeto del público que aplaude por un espectáculo bien armado y con balance en sus actuaciones y dispositivo escénico.

Este trabajo  es – como lo explicaron a los medios de comunicación – el “resultado de una investigación intensiva, tanto artística como antropológica, de casi nueve meses realizada en la sede del Teatro de los Andes“, que tuvo su punto de partida en el texto “Océano Mar” de Alessandro Baricco, sumado a entrevistas y testimonios de trabajadoras sexuales organizadas, para que luego Guido Wertheimer, hiciera el guion definitivo de la obra.

Además de los artistas en escena, la ficha técnica incluye a Ariel Muñoz, en la colaboración artística; música de Sofía Viola; en la técnica de luces y sonido está Guido Wertheimer, mientras que la escenografía y el diseño de luces son de Alejandro Bustamante, la Ilustración es de Nashi Flores Cabot y la producción corre a cargo de Eva Palottini y Tomás Masariche.

Talleres para capacitar actores jujeños

Si decía que los actores de La Ruda Teatro estuvieron cumpliendo una extensa agenda de actividades, es porque no solo presentaron la obra en San Salvador, en Perico y en Tilcara, sino que aprovecharon su estadía para dictar algunos talleres sobre lo que ellos hacen como grupo para encontrar su manera de actuar y desenvolverse en el escenario.

Por ejemplo, Tomás y Alejandro estuvieron en LaMar en Coche dictando el seminario “Un cuerpo para mi identidad”, que ofreció herramientas para la indagación por parte de los actores en las “posibilidades de cada cuerpo y de cada día imaginario, entendiendo la historia personal como fundamento principal en pos de la creación del actor/bailarín/intérprete”, según la descripción del seminario.

La investigación del grupo La Ruda Teatro se basa en los ejercicios para indagar “acerca de la memoria física buscando abrir nuevos espacios propios que habiliten el canal de nuestras emociones”.

Temas como la sensibilidad de la piel como motor, la emoción en la respiración como canal de expresión y el cuerpo como herramienta primordial fueron los ejes temáticos para que los participantes del seminario se movieran y olvidaran los prejuicios “que tenemos sobre nuestro propio imaginario creativo”.

Mientras estos actores dictaban este taller intensivo de varios días, en otro lugar de San Salvador – siempre me gusta esa referencia de Batman, la serie de los 60´ – María Eva Palottini estaba en la sala Jorge Accame, dictando un taller sobre Parada de manos.

Uno pudiera preguntarse para qué sirve aprender a pararse y resulta que esta técnica ayuda a desarrollar fuerza en la parte superior de tu cuerpo, estimula el auto-control, nos ayuda a tener un buen estado de ánimo, permite que tengamos abdominales de acero y por si fuera poco, beneficia tu circulación y fortalece tus huesos, esto entre otros aspectos positivos.

A lo largo de los tres días que duró el taller, los participantes trabajaron con herramientas de la acrobacia, la danza, la expresión corporal e improvisación para lograr la relajación, la concentración y la organicidad consciente del eje del cuerpo.

Como la postura es la base de cualquier técnica de movimiento, resulta que aprender a pararse de manos ayuda a una adecuada postura que es más que un asunto estético, es la raíz del movimiento humano.

Comenzar cada mañana con una parada de manos o al menos intentando una parada de manos nivel principiante, es una buena manera de conocer nuestros cuerpos, así que no está de más intentarlo y ver los resultados.

Jujuy sigue adelante en materia teatral y de capacitación para que los actores y todos los que intervienen en el quehacer escénico continúen sus capacitaciones, perfeccionando sus habilidades y conociendo más de lo que hacen los teatreros de otras latitudes, todo en beneficio final del público, que es el que recibe todo el talento de nuestro artistas, o esa es mi Visión Particular.

Francisco Lizarazo

@visionesp

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