Sincretismo poblano

En el lamento del pueblo, una patria despojada por la corrupción, entregada a pedazos para disimular, invadida por corporaciones que destruyen nuestro patrimonio, nuevamente los nativos vuelven a ser esclavos, las cadenas ahora en una extorsión material, el control y dominio sobre el otro.

Nuestras raíces ocupadas como moda, simulación para la conveniencia, caretas de sociedades hipócritas, farsantes culturales que sólo alimentan su imagen en el reflejo de valores envilecidos para obtener y no para realmente apoyar… sólo las sobras y nada más.

En lo genuino, nuestras tradiciones, esas que no pueden ser robadas, nuestra identidad, y como muestra, tres poblados mágicos del estado de Puebla: Cholula, Pahuatlán y Xicotepec.

Cholula… la Ciudad Sagrada

Caminantes toltecas expulsados de Tula, hace 35 siglos edificaron la Ciudad Sagrada de “Chololoa”, en esos tiempos el “lugar donde el agua cae o se despeña”, era considerada un importante centro religioso, tierras de Quetzalcóatl, que con su gran pirámide de 440 metros (cada uno de sus cuatro lados), imponía respeto a las otras civilizaciones precolombinas y es considerada la población más antigua de América.

En 1519, Hernán Cortés guiado por un grupo de tlaxcaltecas, ejecutaría uno de los episodios más sangrientos de la conquista por la Nueva España: la Matanza de Cholula, cerca de seis mil cholultecas fueron asesinados y destruidas muchas de las edificaciones de nuestros ancestros, como muestra de poderío, se construye encima de la pirámide principal el Templo de Los Remedios, que por cierto ese santuario, tardaría en concluirse cerca de tres centurias.

La creencia popular sobre la llamada “Roma de Anáhuac” es que, esta joya poblana, cuenta con un calendario de iglesias, aunque algunos cronistas afirman que son alrededor de 300 templos. El hecho es que Cholula es una fiesta, durante todo el año sus diez barrios cuentan con celebraciones y a pesar de sufrir un saqueo constante desde épocas virreinales, muchas de sus tradiciones siguen latentes.

Otro dato curioso es que el apellido de estas tierras, fue otorgado en 1895 como homenaje al presidente argentino Bernardino Rivadavia, quien fuera exiliado a España por rechazar el tratado de la Convención Preliminar de Paz de 1827 con el Imperio del Brasil y que nunca conociera Cholula de Rivadavia.

La Plaza Central de este poblado, es la segunda más grande del país y uno de sus atractivos es el Conjunto Conventual de San Gabriel, donde converge la Iglesia de la Tercera Orden, la Capilla Real, una biblioteca franciscana, la Parroquia de San Pedro y el Museo de la Ciudad, en este último, podrás acceder a través de una serie de túneles a la Gran Pirámide y admirar sus pinturas rupestres.

Los Portales muestran sus delicias en un pasaje de 170 metros decorado por 46 arcos, donde podrás saborear una Sopa cholulteca o los tradicionales Tamales de frijol, pero si tu gusto es por algo más artesanal, adquiere alguna pieza en talavera o de alfarería de barro rojo en el Centro Artesanal, Cultural y Gastronómico Xelhua. En un anexo turístico, te recomendamos darte una vuelta por la Container City, concepto arquitectónico hecho con contenedores, donde descubrirás ingeniosos bares y restaurantes.

Pahuatlán… un fruto indígena

Zona de pahuas y cafetos donde las montañas se cubren de neblina, es un capricho climático de la Sierra Norte de Puebla, en las faldas del Cerro Ahíla, donde iniciara el antiguo Imperio del Totonacapan, sitio poblado por nahuas y otomíes, que antes de la llegada de los españoles se mantuviera en una constante lucha entre estas dos civilizaciones indígenas, pero dicen que cuando los frailes agustinos evangelizaron este lugar, hicieron que cincuenta jóvenes y jovencitas otomíes se casaran con cincuenta nahuas, obteniendo así la paz en la región.

Aquí se resguardan las costumbres ancestrales, los voladores realizan su aéreo ritual saludando a los cuatro puntos cardinales, al cielo y la tierra, las ceremonias milenarias se vuelven danza, como la de los Quetzales, vestidos con penachos de pluma de aves, pañuelos, capas y maracas al ritmo de los ecos toltecas.

En su artesanía, el papel amate -el más antiguo de nuestra nación- lo trabajan en San Pablito, remojan la corteza de los árboles hasta lograr que quede suave, para finalmente prensarlo con un aplanador y dejarlo a secar al sol.

La cocina de Pahuatlán es un mestizaje de recetas prehispánicas con peninsulares, que dan por resultado platillos como el Tamal de Cacahuate, los tacos de cebolla o de cecina ahumada acompañados con salsa de hormiga, el atole de piña o el pan de piloncillo.

Respecto a sus bellezas naturales, puedes admirar parte de la Sierra Madre Oriental desde el Mirador de Ahíla, si eres un tanto atrevido y el viento lo dispone, puedes realizar un descenso en parapente, visitar las diversas grutas, ríos y pozas en sus alrededores o bien cabalgar, andar en bicicleta o caminar entre el bosque.

En el centro se encuentra la iglesia de Santiago Apóstol, de estilo novohispano que data de 1652 y en su plaza, el huapango suena todos los fines de semana.

Xicotepec… misticismo con aroma a café

Los otomíes poblaron estas tierras en el 300 a.C., durante diversos periodos y en una lucha por estas tierras, otras civilizaciones prehispánicas como los toltecas, chichimecas y acolhuas dominaron el “Cerro de los abejorros”, hasta que en 1533 fuera ocupado por los españoles. En 1862, se le designa como Villa de Juárez y en 1960, recupera su nombre original.

Conocido por su aromático café (que puedes saborear y adquirir en los Portales), esta mágica localidad poblana, a un costado de su colorido jardín central, presume la Parroquia de San Juan Bautista, de estilo gótico, con sus dos torres se asemeja a la de Notre Dame de París, edificada en el siglo XVI y que cuenta con un detallado portón de madera. A pocos metros, la Casa Museo Venustiano Carranza, muestra fotografías y algunas piezas de este expresidente, de quien sus restos fueran llevados a este sitio para realizarle una autopsia, lo cual dio a Xicotepec el título de capital del país por tres días.  

En lo alto del Cerro del Tabacal, la Monumental Virgen de Guadalupe con 23 metros de altura, es una de las esculturas más grandes de esta santa patrona en nuestro país. Mientras que en un conjunto de rocas colosales, el Centro Ceremonial  Xochilapa recibe a brujos blancos y obscuros cada 24 de junio, quienes realizan distintos rituales, se respira el copal de inciensos, el decorado con flores de cempasúchil y un ambiente místico.

Otros atractivos son los rápidos del Río San Marcos, las plantas medicinales del Centro Botánico El Ángel de la Salud o los murales históricos realizados por del Maestro Felipe Castellanos.

Glen Rodrigo Magaña

@HomoEspacios / @glenrod85

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