México… entre letras y otras artes

El Himno Nacional en homenaje a Antonio López de Santa Anna, la bandera tricolor “Made in China”, “¡Viva la Independencia Nacional!”, mientras se vende nuestro país a pedazos y una revolución que no logrará su justicia, pero México no significa eso. Esta tierra milenaria lleva en sus venas las tradiciones prehispánicas, música que nace del corazón, rinconcitos cerca del cielo, su gastronomía que enamora a cualquier paladar, las manos de sus artesanos, el esfuerzo de sus campesinos, las tardecitas con sabor a hogar, el embeleso de sus mujeres, un hechizante “Mundo Raro” tan diverso y en resumen… su pueblo.

Ahí, es donde se siente esta patria, adolorida, quebrantada por los abusos, el mal gobierno, los engaños donde los más afectados son siempre los de abajo. Esperemos que los sueños de Morelos, Juárez o Madero, al final nos envuelvan y seamos por fin… México.

Después de esta reflexión, adentrémonos en el arte de tres representantes de nuestro país: Juan Rulfo, José Luis Cuevas y Salvador Toscano.

Juan Rulfo… un siglo de letras e imágenes

En la jalisciense Sayula, un 16 de mayo de 1917, es donde se tiene registro del nacimiento de Juan Nepomuceno Pérez Vizcaíno, aunque el creador de la mística Comala afirmara que nació en una casa familiar en Apulco. Criado más al sur de Jalisco, en el poblado de San Gabriel, quedaría huérfano de padre en 1923, su madre fallecería cuatro años después y el infante de tan solo diez años, así conocería el abandono y una profunda soledad que solo fuera mitigada con la literatura.

Permaneció en el Orfanatorio Luis Silva de Guadalajara, durante el periodo de 1927 a 1932, etapa gris donde cruzara sus últimos años de educación básica, el propio Maestro comentara en una entrevista para la Televisión Española en 1977: “Fue una de las épocas en las que me encontré más solo y conseguí un estado depresivo que todavía no me puedo quitar”.

En 1933 intentó ingresar a la Universidad de Guadalajara, pero se encontraba en huelga, así que decidió ir a la capital mexicana, donde asistió como oyente a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México al no encontrar un lugar dentro de esta casa de estudios. Además, en 1934 comenzó a trabajar como archivero en la Secretaría de Gobernación y vivía con su tío, el coronel David Pérez Rulfo, miembro del Estado Mayor Presidencial.

El seudónimo de “Juan Rulfo” fue sugerido por su tío David, cuando comenzara a escribir cuentos y otras publicaciones para las revistas: América (Ciudad de México) y PAN (Guadalajara, Jalisco) en 1945. En 1946 comienza su faceta como fotógrafo para estos dos impresos, incluso dentro de su enorme biblioteca personal que alcanzara los 15 mil títulos, alrededor de 700 eran sobre fotografía y su legado comprende un archivo de más de seis mil negativos.

Durante esta época conoce a Clara Aparicio, con quien se casara en 1948 cuando él contaba con 24 años y ella 13. Tuvieron cuatro hijos, sus siete años de relación epistolar es un dato interesante: las famosas Cartas a Clara, escritas de octubre de 1944 a diciembre de 1950 y que fueran publicadas en el año 2013 por la Editorial RM.

La primera obra de Rulfo, El llano en llamas (1953), que compilara 17 de sus cuentos publicados en la revista literaria América, bajo el sello del Fondo de Cultura Económica y con el apoyo del Centro Mexicano de Escritores, reflejó su estilo sombrío, la desesperanza, pobreza y violencia de una olvidada población mexicana rural.

Dos años más tarde publicaría su novela inaugural: Pedro Páramo, considerada por el mismo José Luis Borges como una de las mejores novelas en la Literatura Universal y uno de los libros más influyentes del siglo XX. El reflejo un tanto familiar del maestro, da voz al joven Juan Preciado desde sus primeras líneas: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera…”. Allá, en la Comala de Rulfo, se detalla un surrealismo rural envuelto en el misticismo de su natal Sayula, la búsqueda del padre que evoca un cruel “ello” psicoanalítico, la falta de su madre en una soledad que lo carcome, como si habitara en una línea entre la vida y la muerte.

Los dos títulos, El llano en llamas y Pedro Páramo, le bastaron para obtener reconocimiento internacional, pero su entintada historia no pararía ahí. En 1958 termina de escribir su segunda y última novela, El gallo de oro, que permaneciera en el olvido por 22 años hasta su publicación en 1980 con varios errores, así pasó casi desapercibida por otros treinta años, en el 2010 fue corregida y editada.

Entre otras de sus vocaciones, realizó guiones fílmicos, donde colaboró con Juan José Arreola para algunas películas de Emilio “El Indio” Fernández en 1956, y desde el año 1963, se dedicó a la edición de libros en el Instituto Nacional Indigenista de México, con una colección de casi 250 textos sobre 56 comunidades indígenas.

Galardonado con el Premio Xavier Villaurrutia 1955, Premio Nacional de Literatura 1970 y Premio Príncipe de Asturias de España 1983, el gran literato Juan Rulfo fallece un 7 de enero de 1986 en la Ciudad de México.

José Luis Cuevas… artista de los no vistos

Representante del neofigurativismo, perteneciente a la Generación de la Ruptura, polémico ante su postura en contra del arte nacionalista, y desde “La cortina del nopal”, denunció el pobre sistema educativo mexicano. Pintor, dibujante, litógrafo, ilustrador, escultor, grabador y escritor, José Luis Cuevas Novelo, fue uno de los artistas más controvertidos dentro de la comunidad cultural de nuestro país… pero eso depende de la posición donde se le observe.

Cuevas afirmaba que nació en la Ciudad de México dentro de la fábrica de su abuelo “El lápiz del águila” un 26 de febrero de 1934, aunque su hermano mayor asegura que nació en 1931. El hecho es que desde muy pequeño tenía una fascinación por los lápices y el papel, estudió la primaria en la colonia Roma, sitio donde ganara un certamen de dibujo ganándose el apodo del “Güerito pintor”.

Ingresa en 1944 la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, en 1946 contrae una fuerte fiebre reumática que lo dejó en cama por dos años, en este periodo tomaba clases de grabado con Lola Cueto, y a la edad de catorce años abre su propio estudio en un local rentado en la calle de Donceles del Centro capitalino.

En su extensa obra presentada a nivel nacional, así como en otros países de Europa, Asia, Norte y Sudamérica, sus modelos fueron los enfermos, prostitutas, la vejez, el despotismo y la muerte, desnudaba el cuerpo y el alma para exponer la degradación, lo inmoral, obsceno, la locura y su arte fue admirado por gigantes como Goya o Picasso, quien adquirió piezas de Cuevas.

Las letras del “Enfant terrible”, serían impresas en sus libros Cuevas por Cuevas (1965) y Cuevario (1973), aunque se rumora que el Maestro del neofigurativismo acusó al reconocido periodista Julio Scherer por interferir en su carrera como escritor.

Dentro de su carrera, contó con diversos premios, en 1992 se inaugura el Museo José Luis Cuevas en la calle Academia número 13 del Centro de la Ciudad de México, la directora Bertha Cuevas fue su esposa, quien falleciera en el año 2000.

El también llamado “Gato Macho”, contrae matrimonio con la joven pintora Beatriz del Carmen Bazán en el 2003, lo que desencadenó una serie de escándalos familiares entre sus hijas y su nueva esposa.

El 4 de julio del 2017, José Luis Cuevas, quien bautizara como “Zona Rosa” al corredor turístico del Paseo de la Reforma de la capital mexicana, fallece a los 83 años de edad en la Ciudad de México.

Salvador Toscano… pionero del cine mexicano

El hidrógrafo e ingeniero topógrafo Salvador Toscano Barragán, que naciera el 22 de marzo de 1872 en la capital tapatía, aunque existen versiones de que nació en Ciudad Guzmán. Él fue quien compra a los hermanos Lumiére un cinematógrafo, adquiriéndolo en 1897 y en ese mismo año realizó la primera proyección fílmica en México, en el número 17 de la calle Jesús María de la capital mexicana.

Gracias a este fílmico ingeniero, se dieron a conocer algunos cortometrajes de los Lumiére, así como varios títulos del “Mago del cine” Georges Méliès como: Viaje a la luna o Conquista del polo, que eran musicalizados con un Fonógrafo Édison.

En 1898 inicia su carrera como cineasta y productor al realizar sus primeras grabaciones: El Zócalo, La Alameda o Llegada del “Tlacotalpan” a Veracruz. También filmó varias escenas del entonces presidente Porfirio Díaz, además de rodar su primer largometraje Don Juan Tenorio en 1899 con la actuación de Paco Gavilanes.

Considerado como el padre del noticiero mexicano, al captar diversos acontecimientos de interés público y de gobierno; fue también el principal documentalista de la Revolución Mexicana, dio vida al llamado “Cine ambulante” y fundó el Instituto Nacional del Film, que brindara las bases de la industria cinematográfica en nuestro país.

En 1942 su hija Carmen Toscano, cataloga el trabajo del Ingeniero, realiza el guion que narraría Manuel Bernal y lanza el 24 de agosto de 1950 el primer largometraje documental Memorias de un mexicano.

Salvador Toscano, no llegaría a ver terminada la edición de toda su obra, ya que falleció un 14 de abril de 1947 en la Ciudad de México, pero su nombre fue conocido a nivel mundial y obtuvo varias preseas póstumas.

Glen Rodrigo Magaña

@HomoEspacios / @glenrod85

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