Los tres gatos

El ama de llaves recibió al médico. Mientras caminaba, entre sus pies se enroscaba elegante un gato blanco y negro de ojos verdes, máscara simétrica y mitones, como si llevara un esmoquin.

La asistenta lo condujo a un saloncito, donde le sirvió un té en lo tanto su paciente se arreglaba para recibirlo.

Atraído por la seda de los cojines, un gato azul saltó a acomodarse a su lado y fijó en él sus enormes ojos cobrizos… Siempre le habían gustado los felinos, quedó atrapado por su encanto. o a la anciana enferma se hallaba un gato amarillo con ojos dorados, haciendo derroche de languidez. Tuvo que reconocer que este era el más lindo, su pelaje relucía al golpe de luz que se colaba por la ventana entreabierta.

– Son bellos sus gatos, aunque creo que prefiero este, es como de oro puro -le dijo mientras calentaba el estetoscopio entre sus manos.

“¿Mis gatos? ¡Tengo solo una gata, mi querida Missy! Se llama así por la zona de donde vino mi familia. ¿Cuántos gaticos ha visto? -preguntó ella, acariciando la barbilla de la gata, que ronroneaba suavemente.

El médico sintió pena de haber delatado a la doméstica, la postración de la señora podía haberle ayudado a ocultar los frutos de algún pecadillo de la gata, o algún minino de su propiedad. Pero no le quedaba más remedio que responderle:

– Además de esta belleza rubia, he visto uno blanco y negro, muy elegante y uno azul con los ojos como monedas de cobre -le dijo.

Ella lo miró mientras él comprobaba sus débiles constantes vitales. Pese a su estado, la anciana sonrió.

– ¡Ay, esta Missy… lo que es capaz de hacer por llamar la atención! ¿No se ha dado cuenta de que es ella misma, cambiando de color?

– Así es, señora, Missy es muy coqueta, pero si se lo explicaba al doctor, no me iba a creer -dijo la casera entrando para escoltarlo hasta la puerta.

El médico no volvió a visitar la casa, la anciana falleció a los pocos días y la casa fue cerrada, en espera de unos herederos que jamás llegaron. La asistenta regresó a su provincia antes de que pudiera interrogarla. Cuando el azar lo hace cruzar por delante de la verja, no puede evitar una mirada a su interior, por si entre la maraña de enredaderas que se va apropiando de las ventanas, las columnas y el jardín, logra entrever un par de ojos verdes, cobrizos o dorados.

El enigma de los tres gatos lo acompañará el resto de su vida. Nunca supo si fue víctima de una broma de ambas mujeres, si el ama de llaves había hecho creer tal cosa a su patrona para poder alimentar tres gatos sin tener que dar explicaciones o si realmente Missy, en un arrebato de presunción, hizo ostentación de la magia que –como todos sabemos- poseen los gatos.

Texto: Marié Rojas Tamayo

Fotos: Francisco Lizarazo

@visionesp

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