Nada es lo parece ser en el Misterio de las cosas

Un refrán asegura que “La basura de uno puede ser el tesoro de otro”, lo que no deja de ser cierto viendo el espectáculo “El Misterio de las cosas” donde los objetos inanimados, que usamos todos los días en nuestro hogar pueden cobrar vida y ofrecer un espectáculo teatral.

Esta es la premisa del espectáculo preparado y mostrado por los alumnos del 1er año de la tecnicatura de Teatro de la Escuela Provincial Tito Guerra, que en medio de intervenciones en los alrededores de la sala Raúl Martín Galán del Teatro Mitre y dentro del propio recinto desplegaron su creatividad para brindar al público una “vuelta de tuerca” a algunos objetos, como parte de la materia de teatro del objeto que imparte Natalio Bognani.

Como no solo de pan vive el hombre, o en este caso de obras de teatro en un escenario, las acciones de los alumnos formaron parte de un recorrido donde las instalaciones y los objetos de desecho fueron los protagonistas, sin restarle merito a los creadores y manipuladores de las cosas inanimadas… que fueron cobrando vida para contarnos historias.

El eje de la conducción lo llevaron Violeta Amarú Fisteus Fuenzalida y Carlos Horacio Calderón  quienes integran un dúo clown que está desarrollando una interesante labor en los últimos meses, a raíz de su espectáculo “Prótesis de amor” y se ve que hay compenetración entre ellos, lo que, sin embargo, no ayudó mucho a la hora de iniciar la función en la parte superior del Teatro Mitre, que además comenzó con retraso, porque el ingreso a la sala de las intervenciones se vio caótica, poco coordinada, con encendidas de luz a destiempo, afectando algunas actuaciones que debían ser en oscuridad y mostrando algo de caos en la circulación del público para ver las obras breves.

En este espacio se ofrecieron montajes más conceptuales que de texto, como por ejemplo Guante blanco, con Rodrigo Villatarco, María Rosa Zurita y Daniela Delfín, pasando por Escandalo, que  fue otro de los breves montajes de los alumnos de la Tecnicatura de Teatro que sin palabras mostraba acciones de pareja, encuentros, desencuentros, excesos y despedida, o Penélope, con Lilia Urzagasti, quien con el tema musical de fondo, recordó la historia de aquella que se sentó a esperar a su amor y se le fue la vida en ello, porque cuando él regreso, no pudo reconocerlo, porque no era la imagen que ella guardaba en su mente y su corazón.

Vuelo de libertad, con Micaela Cala Benicio, y Sueño de libertad, con Rocío Sandón, Elías Flores y Luciana Barrios, completaron este quinteto de obras cortas que eran el preámbulo para que dentro de la sala Galán otros artistas ofrecieran más del teatro del objeto.

De todo como en botica y recuerdos de películas

Una vez que el público entró a la sala, conducidos por el dúo de clowns, con alguna más de improvisación de sus partes para hacer tiempo mientras el público entraba,  dio inicio al plato fuerte de la noche.

La noche comenzó con Medea Mundo Plástico y, en 15 minutos, Ramiro Raina nos llevó por un laboratorio de experimentación genética donde científicos forman nuevas especies, o eso es lo que dice la sinopsis, porque lo que yo vi me recordó a una escena de Toy Story, no recuerdo si la II o la III, cuando el vecino de Andy muestra todo lo que le ha hecho a sus juguetes como el intercambio de piezas, produciendo nuevos seres con brazos de metal, o dulces muñecas con rostros de animales.

Raina manipula sus objetos de laboratorio al ritmo de la música para llevarnos a usar la imaginación mientras los objetos van cobrando vida y comprendemos que muchas de las cosas que simplemente botamos también pueden tener otro uso, si vemos más allá de nuestra ceguera creativa.

La guerra con descartables

Al ritmo del folklore e imaginando las guerras de los gauchos en las épocas de la independencia, Santiago Rasjido, llevó a  los espectadores- con vasos descartables, sorbetes o popotes – a recorrer con lanzas y batallas  aquellos momento de la gesta emancipadora pue creo Argentina.

Con este espectáculo, el estudiante de la Tecnicatura de Teatro demostró que cuando se quiere enseñar historia solo hacen falta unos vasos o envases de mate y mucha creatividad para contar o fijar una lección de una manera mejor que la que lo haría un profesor en el colegio.

Todo está servido

Luego del drama de la manipulación genética y de la lección de historia con vasos, popotes y mates, le tocó el turno a Rocío Sandón, Elías Flores, Gabriel Farfán, Micaela Cala Benicio y de Luciana Barrios para hacer que el espectador se enfrentara a otro de los miedos de la vida moderna: los medios de comunicación.

Un joven despierta y antes de poder ir a desayunar se ve invadido por diarios que vuelan y revolotean a su alrededor, como si del teatro negra se tratara, envolviéndolo en las distintas noticias a las que a diario nos enfrentamos, sin tener lugar a dónde escondernos, porque los medios siempre están asechando y encontrando la manera de verter sus informaciones en nuestros cerebros.

La escena es asfixiante porque el joven no puede quitarse de encima la violencia de los diarios que lo atrapan y en medio de las luces de colores se ve la agonía de este personaje que no sabemos cuál será su futuro, porque eso aún no lo dicen los medios.

Los recuerdos matan

Y si los medios de comunicación no acaban con la vida de las personas, por las malas noticias y la manipulación, la mente puede jugarnos malas pasadas y llevarnos a recuerdos más que dolorosos.

Un sonido de guitarra despierta las más profundos memorias del alma de una mujer atribulada que se va llenando de sensaciones y sentimientos.

Nicolás Romero, Noemí Ezpinoza, Marisol Cazón, Carmen Coronel, Mariela Gregorio, Fredy Dionisio y Eva Mendoza integran este cuadro nostálgico y de profundo dolor por el recuerdo que trae a su protagonista una melodía en guitarra.

La manzana… pecado delicioso

Una breve historia sobre los placeres que provocan las manzanas y el encanto de tenerlas, observarlas, contemplar su brillo, su fragilidad – no frajilidad como está escrito en el programa de mano – y que tiene  como protagonista a Elías Flores en un espectáculo de 6 minutos.

Cerrando el show…

Si en Medea la imagen cinematográfica que vino a mi memoria fue la película “Toy Story” en Cirque du Mort, en donde intervienen Graciela Fleming, Nadia Ibáñez, Ramiro Raina, Mónica Tintilay, Rodrigo Villatarco y María Zurita, fue “Fantasía” la no muy comprendida película de Walt Disney, esa que protagoniza el ratón Mickey  al robar los poderes del brujo para darle vida a los objetos inanimados de la limpieza.

En este caso, Matilde es una preadolescente – como lo era Sabrina, la bruja adolescente – pero esta tiene una mente bastante más retorcida que la de la televisión y desplegando el poder mágico en la cocina realiza una serie de acciones circenses que tiene finales poco felices, pero menos mal que todo es producto de la imaginación de Matilde, que acaba cuando la madre le dice que deje de cocinar, si es que en algún momento lo comenzó a hacer, porque ella compró empanadas.

Entre acto y acto, también como una manera de hacer tiempo para que prepararan la siguiente actuación, los presentadores iban desarrollando algunas rutinas para entretener al público y hacer la espera más llevadera, porque ese día la sala Raúl Galán estaba cálida y no precisamente por el público, sino por el clima  sofocante que reinaba en el lugar.  La actuación de  Violeta Amarú Fisteus Fuenzalida y Carlos Horacio Calderón está bien aceitada, tal vez les falta un poco más de ajuste en algunas rutinas, pero en general son un dúo para tomar en cuenta.

Este espectáculo si bien es cierto que fue  una actividad inter – cátedra que involucró a las asignaturas de Teatro del objeto, Producción Teatral y Comunicación Teatral a cargo de los docentes Natalio Bognani y Fabiola Vilte, no es menos cierto y valioso que fue un momento para que los alumnos de la tecnicatura mostraran sus talentos, lo que piensan como artistas y pudieron enfrentar el juicio del público, algo más benevolente por estar integrado en su mayoría por sus pares, sus familiares y amigos, pero jurado – al fin y al cabo – de la actuación de ellos.

Esta fue la primera experiencia del Misterio de las cosas, pero ya se anuncia una segunda velada, así que si se perdió la primera, haga cono la prestobarba y que no se le escape la segunda, que además de ver teatro independiente – que nunca está demás – ayudara con el costo de su entrada  a que los alumnos de la Escuela Tito Guerra puedan comprar luminarias para la institución, o esa es mi Visión Particular del misterio de las cosas donde nada es lo que parece ser.

Francisco Lizarazo

@visionesp

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