Líbrame de la gente buena y del pueblo chico que de la brava me libro yo

No siempre debemos decir todo lo que hacemos, menos si se trata de cosas malas, así uno crea que está solo con los amigos más íntimos, porque las paredes oyen, o mejor dicho, detrás de las puertas hay quienes están pendientes de las conversaciones ajenas.

Esta reflexión que parece de nuestras abuelas viene al punto porque es la moraleja que deja la obra “la buena gente del pueblo chico”, del dramaturgo Abel Bustos, que a manera de comedia nos refleja una realidad sobre el poder y el abuso de él en los pueblos pequeños.

La historia subió a escena en el Teatro Estación de Perico, con la dirección de Sergio Hinojosa, la iluminación de Manuel Chocobar, además en  vestuario y escenografía Ismael Salas, sin olvidar de mencionar al elenco que está conformado por trabajadores del propio teatro.

Esta obra, que se estrenó a finales del 2017, nos cuenta las andanzas de quienes viven en un pueblo del interior y que constantemente deben pasar por la comisaria para hacer diversas denuncias. Una de estas acciones tiene  ver con una “embarazosa” situación que se presenta con una joven de la localidad, quien aparentemente está en estado de “gravidez”, pero no quiere decir quién es el padre de la futura criatura.

Conminada a revelar la identidad del autor, la joven revela que es del político del pueblo, quien sin pensarlo mucho niega ser responsable de esta acción, aunque en confianza con el comisario – ningún trigo limpio según se revela en la obra – confirma que sí estuvo con la joven, pero la amenaza con represalias sin dice algo. También el buen policía estuvo con la joven y con otras damas del pueblo. Ambos se dan la mano como lo hicieron  “el noble y el villano, el prohombre y el gusano  y se dan la mano sin importarles la facha”, como menciona Joan Manuel Serrat en su canción “Fiesta”.

.La justicia llegará por donde menos se espera, encarnada en el único detenido que tiene la comisaria, quien toma justicia por sus manos contra el oficial y el político, pero en su apuro por cobrar venganza – por lo que cree el honor mancillado de la joven ahora embarazada – actúa antes de saber que los padres de la “niña” llegan a la comisaría para comunicar que no hay tal “embarazosa situación”, pues la pequeña tuvo su periodo, pero como dice otro refrán: Tarde piaste.

Hablando de refranes, esta obra – o mejor dicho sus entretelones que fueron revelados al final de la función – hace recordar aquel que menciona: “Cuando se quiere hacer algo se buscan soluciones, cuando no, se encuentran excusas”, porque como lo explicó el director del montaje, el actor principal abandonó la obra y él tuvo que asumir el papel, mientras que todos los otros actores debieron hacer maromas de tiempo para poder ensayar y cumplir con sus obligaciones administrativas dentro del teatro.

Esperemos que “la buena gente del pueblo chico” pueda tener una camino para recorrer en este 2018 porque el esfuerzo de quienes hacen teatro independiente no debe reducirse a unas pocas funciones, sino que las obras deben crecer y madurar para que más personas pueden verlas y entender aquello de pueblo chico infierno grande, que en el caso de Perico puede hacer que muchos se sientan identificados con algunas de las situaciones que se tocan en este montaje.

Decía Vittorio Gassman que “El teatro no se hace para cantar las cosas, sino para cambiarlas”, ¿será que este nuevo año puede provocar que cambiemos nuestra manera de ser gracias al teatro y lo que se ofrece desde los escenarios independientes de Jujuy? Solo el tiempo lo dirá y ojalá al inicio del 2019 tengamos una respuesta a esta y a tantas otras incógnitas que nos ofrecen los dramaturgos con sus obras. Mientras tanto, esta es mi Visión Particular de la vida de la gente buena de un pueblo chico.

Francisco Lizarazo

@visionesp

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