Los mexiquenses, un ejemplo claro de lo que actualmente es México: por un lado, la clase autoritaria, prominente y política; mientras que muchos, viven en la pobreza y la marginación. Contrastes de un pueblo saqueado, que solo cuenta con su gente y las bondades de su entorno natural.

Sembradores de esperanza, nuestras raíces que aún florecen en medio de la toxicidad mediática para eliminar nuestros valores, invasiones industriales, control y medidas para coartar la libertad de expresión, procedimientos de miedo, chantajes gubernamentales, saqueos electoreros, en la vendimia de los poderosos que entregan lo que es de todos… pero esperemos la luz, al final del túnel.

En renglones más placenteros, les recomendamos dos rincones mexiquenses para darse una escapada de tanto caos, hablamos de los pueblos mágicos de Villa del Carbón y Metepec.

Villa del Carbón… un boscoso abrigo entre presas

La llamada “Puerta a la provincia”, que en sus inicios fuera habitada por los otomíes, allá por el 200 a.C., quienes nombraron a estas tierras como Nñontle o “Cima del cerro”, de la región de Chiapan y que tiempo después, fuera dominada por el imperio Azteca.

En los tiempos del virreinato ibérico, Chiapan fue dividida y nombrada en 1713 como Villanueva del Carbón de Nuestra Señora de la Peña de Francia, por ser uno de los principales sitios de extracción de carbón vegetal y en homenaje a esta virgen, hasta que finalmente, se acortara su nombre a como actualmente lo conocemos.

El boscoso rinconcito mexiquense cuenta en su Plaza Hidalgo con un quiosco tradicional, el Palacio Municipal y su románica Iglesia a la Virgen de la Peña de Francia con sus dos torres de piedra y que a su interior, encontrarás la imagen de esta virgen morena, que fuera traída de Salamanca en el siglo XVIII y cuentan que se escondió en el periodo independentista entre el carbón, para que los españoles no la regresaran al viejo continente.

Otras de las atracciones son sus portales, donde preparan deliciosos platillos como las gorditas de chicharrón de masa azul o la barbacoa; el Mercado de Artesanías, con productos de piel y lana, otros textiles, licores frutales o su popular rompope de diversos sabores; los jardines principales que albergan un pequeño anfiteatro; la Casa de Cultura Dr. Jiménez Cantú, en la que se encuentra el Museo Regional que exhibe diversas piezas prehispánicas de la cultura Otomí o la Casa del Recuerdo, que es todo un viaje en el tiempo, dividido en seis secciones.

Dentro de sus propuestas ecoturísticas, se encuentran: el Cerro de la Bufa, para los amantes del alpinismo, que en su punta encontrarán un nacimiento de agua mineral; la Presa del Llano, sitio ideal para hacer canotaje, pesca deportiva, zona de acampar y hasta cabañas para alojarte; en La Planta podrás vivir la adrenalina de su tirolesa, acampar y escuchar su relajante cascada; el Centro Vacacional El Chinguirito, que cuenta con alberca techada, zona de palapas, asadores y algunas cabañitas; en el Camping La Capilla, puedes pasar un fin de semana familiar completamente campirano; La Troja para beber agua de manantial; o bien descansar plácidamente en el Hotel La Angora, que cuenta con reconfortantes jacuzzis, alberca, camping, palapas y hasta servicio de temazcal.

Lo mejor de este destino mexiquense es la Presa de Taxhimay, la razón es porque debajo de sus aguas, se encuentra el antiguo poblado de San Luis de las Peras, que fuera hundido en 1934 para la creación de esta presa, y al dar un recorrido en lancha, podrás ver su campanario. También podrás admirar su vegetación y tomar una boscosa sesión de aromaterapia mientras pescas algo, disfrutar de las delicias que ahí preparan, encender una fogata antes de que el sol se oculte, montar tu casa de acampar y disfrutar del espectáculo de las estrellas con todo y banda sonora montañosa.

Metepec… riqueza alfarera

Los hallazgos paleolíticos de esta prominente ciudad reportan restos de mamuts de hace más de once mil años, en el periodo prehispánico los otomíes fueron quienes se asentaron “En el cerro de los magueyes”, pero fueron los matlatzincas quienes iniciaron la tradición alfarera de la antigua Nepinta-Tuhi o “el lugar de los habitantes de la tierra del maíz”, fueron sometidos por los aztecas en 1470.

En 1526, las tierras fueron otorgadas al primo de Hernán Cortés, Juan Alonso Gutiérrez de Altamirano, quien fundó este pueblo urbano como San Juan Bautista Metepec y para 1560, se inició la construcción de su gran complejo conventual franciscano, que incluye: el Convento de San Juan Bautista, la Catedral de la Alcaldía y la Iglesia del Calvario, ésta última, de estilo neoclásico ubicada en la ladera norte del Cerro de los Magueyes y que posee una muralla de 200 metros.

Además de sus muchas edificaciones sacras, esta adinerada entidad cuenta con la riqueza artesanal de sus alfareros, aquí se realizan los famosos “Árboles de la Vida”, incluso uno de ellos, se encuentra en el Vaticano, también cuenta con más de 200 talleres y en varios de ellos puedes tomar clases de alfarería para producir tus propias piezas.

Otro de los encantos de Metepec es la fuente saltarina de la Plaza Juárez, donde se encuentra la escultura de la diosa Tlanchana, que dentro de la mitología indígena, era una hermosa deidad que seducía a los hombres para luego llevárselos a las profundidades del agua; el Tianguis de los Lunes, que prevalece desde épocas prehispánicas y donde aún se practica el trueque; o bien puedes recorrer el gran Zoológico de Zacango, que cuenta con 200 especies de animales, un grácil lago artificial y un mirador panorámico.

Glen Rodrigo Magaña

@HomoEspacios / @glenrod85

Comparte esta publicación


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *