Resolver en el último instante es como una mañana sin sol

PATRICIA: ¿La letra? ¿Dijiste la letra? No puedo creerlo…Mis oídos no pueden haber escuchado ese sacrilegio…

WALTER:   Se me pegó. Todos estos actorcitos nuevos dicen “la letra”, y se me pegó….

PATRICIA: “Decirle letra a un texto teatral es un sacrilegio”

El escenario semeja un pequeño teatro independiente, se observan elementos desordenados de una futura puesta. La iluminación es débil, semejando la entrada de luz natural que toca ligeramente el espacio para que el espectador pueda vislumbrar lo que hay en el primer momento.

Así describe  Héctor Oliboni el ambiente inicial de su obra “Una mañana sin sol”, que recientemente se presentó en el teatro El Pasillo con la producción de la Compañía Argentina de Teatro Menor, de Catamarca.

La pieza mezcla el teatro dentro del teatro para llevar al espectador a un supuesto ensayo de la obra “La señorita Julia”Johan August Strindberg, que sirve de excusa para que Walter – el Ruso –  y Patricia revivan su pasado, hablen del arte escénico, de la militancia, de la fidelidad a los amigos, de la vida y – por supuesto – del amor.

Alejandro Andreux es Walter, mientras que Gabriela Borgna es Patricia y ambos nos demuestran lo atractivo que es el teatro de texto, cuando está bien escrito, y cómo eso que vemos en escena puede calar en el público para identificarnos con alguna situación representada.

La pieza habla de almas que se encontraron a destiempo, muy antes o muy después, pero nunca en el momento preciso y cómo aunque esa pasión no se concretó – por el compromiso ideológico y la amistad con Esteban- sí  forjó una relación que impulsa a Walter a hacer lo que sea por sacar a Patricia del aislamiento en el que se encuentra, producto de una enfermedad de esas que no tienen final feliz.

Se habla del teatro y se establecen algunas lecciones, como aclarar que una cosa es el texto y una muy distinta es la letra. Pero la principal enseñanza  tiene que ver con la manera en que enfrentamos nuestros temores, nuestros deseos, nuestros sueños, o amores, porque no importa el tiempo transcurrido, cuando hay sentimiento por alguien se busca la forma de ayudar a ese ser querido, así sea reviviéndola profesionalmente, aunque eso implique fantasear sobre una puesta en escena que no subirá el telón en un teatro que está a punto de quebrar por falta de recursos económicos, como – nuevamente un guiño a la realidad – sucede con muchos de los teatros independientes en Argentina y en el mundo, donde el dinero no abunda.

PATRICIA: ¿Es verdad?

WALTER: ¿Qué?

PATRICIA: ¿Fue por Esteban? ¿Solamente por…eso?

WALTER: Los anarquistas solemos ser muy derechos. Y muy buenos  amigos.

PATRICIA: Y muy boludos.

WALTER: También.

Tanto a  Andreux como a Borgna se les nota naturalidad en su interacción, hay intimidad en su hablar, incluso aquellos “olvidos” del texto no son distinguibles si son del actor o forman parte de las acciones del personaje y eso da mayor veracidad a la escena.

Hablando de escena, el que ambos estén ensayando “La señorita Julia” no es casual, pues el autor ha explicado que la pieza de Strindberg está colocada intencionalmente, pues la protagonista está tratando de seducir a un lacayo llamado Juan, al igual que está tratando hacer Patricia con Walter y el texto del dramaturgo sueco ayuda a la acción creada por Oliboni.

El final de Patricia es un reconocimiento – dice uno – a los actores que declaran querer irse de este mundo haciendo lo que aman: estar sobre un escenario, y a pesar que ella no llega al estreno, sí se duerme ensayando para su regreso a las tablas. Mientras escucha los aplausos del público y van descendiendo las luces… del teatro, de la vida.

La iluminación establece el paso de las horas en que ambos personajes desarrollan este último día en la vida de Patricia y, además, crea la atmosfera psicológica en esta pieza que es una confesión de vida, de amores, de sus debilidades,  compromisos, con el temor a quererse y el miedo a quebrar el recuerdo de Esteban, el esposo, el amigo.

La dirección es la primera del actor Alejandro Andreux, uno de los pioneros de la Comedia Municipal de San Fernando de Catamarca, que contó con la supervisión de Manuel Maccarini.

De esta faceta de Andreux uno puede destacar que es una propuesta limpia, tal vez en algunos momentos muy oscura para la cámara fotográfica, que no recurre a lo espectacular, porque la pieza es intimista, recayendo todo el peso en las actuaciones y en el texto de Oliboni.

Esta obra recibió una Mención de Honor en el Concurso Internacional de Teatro “Atahualpa del Cioppo”, organizado por la Municipalidad de Montevideo y Teatro El Galpón  en noviembre de 1999, para conmemorar los 50 años de la fundación del Teatro.

“Una mañana sin sol” tiene un título que de entrada puede sugerir que veremos un melodrama, pero la pieza teatral está tan bien escrita y actuada que la parte más dramática pasa sin hacernos llorar, aunque si nos hace pensar sobre las segundas oportunidades, la lealtad y la necesidad de solucionar las relaciones amorosas, antes de vivir una existencia frustrada, que nos lleve a  resolver nuestros problemas en el último instante, porque eso es como una mañana sin sol o esa es mi Visión Particular.

Francisco Lizarazo

@visionesp

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