Poblados con recuerdos

Actualmente vivimos el deterioro de las costumbres, las tradiciones que se desvanecen, la modernidad que reemplaza las enseñanzas ancestrales; algún día tendremos que regresar al origen, respirar lo verde, sentir la lluvia, colaborar con la tierra, vernos en el otro, en comunidad… y sin fronteras.

América, tan enigmático como sus culturas precolombinas, generosa como sus nativos, bondadosa como sus diversos ecosistemas, un continente con mucho por descubrir. Para esta entrega, reseñaremos dos poblados que recuerdan sus orígenes: el paradisiaco Honolulu hawaiano y el brasileño Cais do Valongo de Río de Janeiro.

Honolulu… en el corazón de Hawái

La capital hawaiana, allá en la isla Oahu, la “bahía resguardada”, la “ciudad paraíso”, tierra fundada por los polinesios hace varias centurias… Honolulu, que en su historia cuenta con la formación de un reinado insular llamado Hawái.

Cuentan que desde el año 1 d.C., llegaron desde la Polinesia de las islas Marquesas y Tahití los primeros pobladores hawaianos, y después de varias inmigraciones, en el 1200, estas islas ya contaban con diversas comunidades bien establecidas.

El 18 de enero de 1778, el capitán James Cook descubre estos insulares territorios norteamericanos y los nombra “Islas Sándwich” -en honor al famoso Conde de los emparedados-, lo que dio por resultado que diversos países europeos intentaran conquistar estas islas que permanecieron libres.

Kiwala’o kamehamehaquien, líder de uno de los distritos tribales, había heredado el puesto de su padre, pero su primo Kaleikini Kealiʻikui Kamehameha, quien era jefe religioso, le arrebata el trono y en 1782, Kamehameha inicia una serie de batallas para apoderarse de cada isla: Kiwala`o, Ohau, Maui y Molokai. Hasta que en 1810, unifica el resto de los territorios para fundar el Reino de Hawái.

La dinastía de Kamehameha dura casi un siglo y en 1873, se elige una nueva casa para reinar a las tribus, David Kalākaua se vuelve rey de Hawái, el llamado “Monarca Alegre” recibió una educación distinta, que le permitió admirar la cultura de países europeos y entender los adelantos tecnológicos de los estadounidenses, uno de sus principales maestros y asesores fue el Reverendo Amos Star Cooke, quien le aconsejó realizar una reforma para que extranjeros pudieran adquirir tierras del reino insular.

El Tratado de Reciprocidad con los Estados Unidos se firma en 1875, otorgándole al país de las barras y las estrellas Pearl Harbor, así como la importación libre de impuestos de arroz y azúcar hawaianos. La inconformidad de las tribus debido a los abusos por parte de marines estadounidenses y las injusticias mercantiles, llevan al Rey a rechazar la renovación del Tratado en 1887, lo que desató el inicio de la invasión estadounidense a las islas hawaianas, forzando a Kalākaua a firmar la llamada Constitución de las Bayonetas, que como su nombre lo indica fue a punta de bayoneta, esto después de secuestrar al Jefe de Gobierno del Rey, acto realizado por La liga Hawaiana y los Honolulu Rifles, que eran un grupo de blancos nacidos en estos arenales.

Después del fallecimiento del Rey Kalākaua en 1893, su hermana Liliʻuokalani toma las riendas del imperio, enfrenta la amenaza de aquellos que fueran sus “aliados norteamericanos” y de un grupo de europeos para anexar forzadamente a Hawái como una nueva estrella en la bandera estadounidense.

El gobierno en turno que recibe esta petición fue el del vigésimo cuarto presidente de los Estados Unidos, Stephen Grover Cleveland, quien respetó la autonomía y reinado del pueblo hawaiano, tanto, que realizó una declaración disculpándose con la reina Liliʻuokalani, por las abusivas acciones de sus connacionales.

Los golpistas ignoran a Cleveland y toman el reinado para convertirlo en república en 1894, y al ser vencido Cleveland frente a William McKinley en las elecciones de marzo de 1897, este nuevo presidente estadunidense acepta la moción de integrar a Hawái como estado de la Unión el 7 de julio de 1898, integrándose formalmente el 21 de agosto de aquel año.

Algunos de los atractivos de Honolulu son sus tranquilas playas de Ala Moana, el hermoso parque Fort DeRussy Beach, su popular práctica de surf, la vista desde Diamond Head, el mercado agrícola de KCC´ Farmers, los puestos artesanales sobre ruedas del Aloha Stadium Swap Meet, el encanto selvático de la cascada de Moana Falls, el espectáculo natural marítimo de Spitting Cave of Portlock, el mirador Koko Head para admirar el atardecer, los jadines botánicos de Koko Crater Botanical Garden y Lyon Arboretum.

Los recorridos históricos por el Iolani Palace, hermosa edificación que habitara el último monarca hawaiano y que cuenta con una arquitectura diversa, esto gracias a los recorridos que tuviera Rey Kalākaua por distintos países de Europa; el Capitolio de Hawái, que integra ocho columnas en forma de cocoteros que representan las ocho islas hawaianas, rodeada de una piscina que representa el pacífico; la casa real Queen Emma Summer Palace; el templo nipón Izumo Taishakyo Mission of Hawai, donde se encuentra una réplica de la Campana de la Paz de Hiroshima; el Museo de Arte de Honolulu, que integra piezas de artistas hawainos y de otros países de Asia y del Pacífico; el Museo Shangiri La de arte islámico; así como la zona de Pearl Harbor y otros museos aeronáuticos o marítimos.

Los pueblos autóctonos de Hawái han solicitado desde la invasión estadounidense su autodeterminación, porque consideran que su integración se hizo de manera ilegal, esta declaratoria ha llegado hasta los tribunales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sin obtener una respuesta favorable para los descendientes de los polinesios.

Cais do Valongo… memorias de la esclavitud de Rio de Janeiro

Las Bahías de Enero, nombradas así por el navegante portugués Gaspar de Lemos en 1502, ciudad portuaria fundada el 1 de marzo de 1565 por el sacerdote español Padre Anchieta, como San Sebastián del Rio de Enero, aunque en 1530, la corona portuguesa expulsó a los franceses que rodeaban las costas del Brasil, ya que eran tierras que pertenecían a Portugal desde inicios del siglo XVI.

A finales de aquel siglo, ya llegaban hermanos africanos a Brasil, en condición de esclavos para trabajar las plantaciones de caña de azúcar, muchos de ellos enfrentaban enfermedades, golpes e incluso eran presentados desnudos por los comerciantes a los terratenientes.

La “Pequeña África” de Rio de Janeiro sería conocida como Valongo, a finales del siglo XVIII se construyó su muelle, el cual fue terminado en 1811 y que funcionaría como el principal centro de comercio de esclavos, sitio que recuerda el dolor de quienes viajaron desde el continente raíz y que aportaron la semilla afrodescendiente en Rio.

En 1831 se dictan las primeras leyes que abolían esta práctica cruel, pero de forma clandestina aún se comercializaban seres humanos.

La llegada de la princesa Teresa Cristina de las Dos Sicilias en 1843, para casarse con el emperador Pedro II, hace que el muelle se renueve y del periodo de 1850 a 1920 los alrededores de este sitio son habitados por esclavos liberados y la población de raza negra aumenta, lo curioso es que de las cadenas, surgiría en esta zona el género musical que otorga parte de la identidad al país carioca… la samba.

A inicios del siglo XX se intenta sepultar el Cais do Valongo, para ocultar este episodio de esclavitud en Río de Janeiro, y es hasta el 2011 que en una serie de excavaciones con motivo de revitalizar la zona portuaria, aparece nuevamente la verdad que se había ocultado por más de un siglo. Así, el Volongo obtendría el título de Patrimonio Mundial como lugar de memoria y sufrimiento por la UNESCO en el 2017, al ser la única edificación reconocible en Rio de Janeiro sobre aquellos años grises de la esclavitud en Brasil.

Glen Rodrigo Magaña

@HomoEspacios / @glenrod85

Comparte esta publicación

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *