Como en un Museo espera La Señora a su amor

Lidiar con el abandono no es fácil, incluso se habla de que existen pasos que se deben seguir para superar un duelo, una pérdida y cada quien, reacciona de una manera distinta.

Imagen de ahorasesam.blogspot.com.ar

El teatro puede servirnos de catarsis, no solo a quienes lo hacen, los actores, sino también – algo muy importante – a los espectadores, porque ellos al ver en escena la manera en que el personaje hace frente a sus conflictos personales y que pueden darnos alguna indicación de qué hacer en un caso similar.

El abandono de la pareja ha provocado distintas reacciones en los personajes ficticios. Por citar algunos casos, hablemos de Blanche Du Bois, protagonista de la obra de Tennessee Williams “Un Tranvía Llamado Deseo”, un personaje que no tiene “más remedio que refugiarse en la modesta casa de su hermana Stella y su esposo Stanley, donde padece un infierno que la lleva a su caída”.

Stanley (Marlon Brando) y Blanche (Jessica Tandy) en Broadway, dirección de Irene Mayer Selznick || elcinedesolaris.blogspot.com.es

Este personaje “frágil y extraviado”, fue abandonado por su pareja, su esposo. Ella “tenía propiedades y una vida refinada y ha perdido las dos cosas. Solo le queda fantasear con ellas. Habla de millonarios y de cruceros, se expresa con un refinamiento poético que raya con el esnobismo y lo cursi, atenúa la luz de los bombillos para disimular su edad. Pero si se quisiera ver en ella solo a una embustera, se cometería una injusticia.

Blanche es rica y fuerte: encaja los constantes ataques de su cuñado sin perder la distinción, como si eludiera indirectas en un medio de caballeros. Pero Stanley no es ningún caballero. Lo irritan las mentiras de su cuñada y la insulta todo el tiempo. Ella camina por la cuerda floja, zaherida por sus ataques, sin perder la entereza. Sus fantasías tienen algo admirable: quiere cubrir la realidad con imágenes glamurosas para que sea menos grosera. Es un personaje indigente y luminoso”.

Cate Blanchett en “Blue Jasmine”. Imagen losinterrogantes.com

Por otra parte, en la película “Blue Jasmine”, la protagonista  – interpretada por Cate Blanchett – pasa de ser una “conocida personalidad de la alta sociedad neoyorquina” a tener que mudarse a San Francisco para residir en el pequeño apartamento de su hermana Ginger, luego que fuera abandonada por su esposo.

En ambos casos, las mujeres son adultas que luego de ser abandonadas por sus parejas deben reinventarse, pero sufren por sentirse solas y engañadas por el amor, por ser utilizadas y dejadas por alguien de menor edad.

Museo Medea – Mónica Colqui – La Empleada

Tanto Blanche Du Bois como Jasmine sufren en soledad y solamente le amargan la vida a sus familiares más cercanos… pero que hubiera pasado si hubieran contado con el apoyo de una empleada, necesitada no de afecto, sino de recursos económicos.

Este es el caso de la Señora – no importa su nombre – que tras el abandono de su esposo y la pérdida del status social queda en compañía de La Empleada, que al no recibir su sueldo decide que es hora de aprovechar la casa, con  muchos cuartos, un jardín en la esquina con  hamacas para niños, de una familia muy adinerada, cuyo apellido no dice para no comprometer. Con estas bondades de la casa es que se le ocurre hacer que algún amigo artista de la señora ponga una foto o algún cuadro y abrir la casa para que la gente pague para visitar ese lugar que antes era felicidad y ahora es lamento y llanto de su habitante principal… Es que seamos honestos, somos voyeristas, por eso el éxito delos realitys show.

Museo Medea – Julieta Salas – La Señora

Lo anterior es el argumento de Museo Medea, obra de teatro creada por Guillermo Katz, con las actuaciones iniciales de María José Medina y Guadalupe Valenzuela en el 2016 y que en esta oportunidad cuenta con Julieta Salas (La Señora) y Mónica Colqui (La Empleada) bajo la dirección de Cecilia Adriana Lamas, y que se ha presentado en el salón principal del Centro de Arte Joven  Andino (C.A.J.A) de San Salvador de Jujuy, en una producción del grupo Las Percantas, que “se inicia en el año 2002 con un primer elenco que realizó funciones hasta el año 2005 de obras como “La que sigue” o “Cuidado señor gerente”. Luego vino una pausa por tiempo indeterminado hasta el año pasado que Cecilia Lamas volvió a retomar el nombre del grupo con este nuevo proyecto de “Museo  Medea”.  Hubo una renovación en el equipo pero con el respeto que merecen aquellos miembros que ya pasaron por el grupo teatral”, de acuerdo a la sinopsis del grupo.

La Empleada lleva al público a recorrer la Casa – Museo

La intimidad de ambas mujeres es expuesta como si realmente se tratara de un museo, con el acto principal de la Señora y la conducción por diversas áreas de la casa en compañía de La Empleada.

La obra está escrita pensando en un espacio no convencional, para que el público realmente pueda recorrer lo que sería la casa, y pueda admirar algunas obras de arte que se encuentren en exhibición, por eso la utilización del C.A.J.A es acertada, ya que los espectadores son trasladados a algunas zonas del Centro haciendo que el público se involucre no solo en la historia teatral, sino que aprecie algunas obras de escultura.

Lo de Medea viene por el mito: el  deseo de venganza a partir del abandono del ser amado. Pero en realidad, es una excusa para mostrarnos – como en un museo – la soledad en que han quedado estas dos mujeres – podría haber sido también un hombre – luego del abandono del ser amado.

A diferencia de los planteamientos de Un Tranvía llamado deseo y de Blue Jasmine en que las protagonistas deben comenzar de cero sus vidas, en Museo Medea la Señora piensa que su ex pareja volverá y quiere celebrarle el cumpleaños – aunque con la secreta intención de vengarse por el abandono. Repiten el ritual esperando que algo distinto suceda en algún momento… que el Señor regrese, mientras tanto, la Empleada es la cómplice de su señora, la cuida, la protege de sí misma, y trata de obtener algún beneficio económico de parte del público que paga por ver la intimidad de esa casa.

Hablando de este montaje, Mónica Colqui ofrece un trabajo interesante como la empleada, tiene capacidad para generar atención y logra que el público se relacione con el entorno del museo y la siga como corderitos a los largo de las instalaciones, porque su “decir” es atractivo, está “contando”  los entretelones de la pareja y eso – nuevamente seamos honestos – siempre llama la atención.

En el caso de Julieta Salas ella ofrece una señora más aniñada – tal vez la crisis le dio por regresar en el tiempo- olvidando que ya debe ser una señora mayor, eso pudiera ser una aproximación interesante al personaje. Pero la voz es donde se delata que le cuesta el rol que lleva en sus espaldas. El fraseo, el “decir” es monótono, está “escupiendo” el texto, sin detenerse en los ricos matices que ofrece la dramaturgia, que por muy comedia que plantee el autor y sus protagonistas originales, no se pueden dejar de lado las situaciones -principalmente psicológicas – que atraviesa la Señora.

La dirección de Lamas es sencilla, aprovecha bien el espacio del CAJA, permitiendo que el espectador recorra todo como si es realidad se tratara de una galería. El tratamiento estético (colores vivos con el blanco del vestuario de la Señora) es llamativo y ayudar a relajar la tensión en los momentos más álgidos del diálogo entre los personajes, que tienen como fin celebrar el cumpleaños del Señor, esperando que él regrese a su casa.

Dice la mexicana Sabina Berman que “cuando algo se estandariza deja de ser cómico. El humor depende de la sorpresa” y en “Museo Medea” puede que el espectador se sorprenda la primera vez que ve la obra, provocándole risa, pero si a los actores la comedia no le sucede a ellos como la primera vez – aunque “repetirlo en cien funciones es imposible”- difícilmente desde las butacas no se tendrá esa chispa que genere la risa y el buen humor.

Hacer reír de una manera sería – sin recurrir al chiste fácil y barato – es de las cosas más difíciles, requiere mucho trabajo y esfuerzo. Ojalá  este “Museo Medea” siga transitando el camino en esa búsqueda y no se quede en el canto de las sirenas de las sonrisas por un texto jocoso, cuando lo esperando es que el público se reconozca y se ría de sí mismos, porque no hay nada que nos haga más catarsis que reírnos de nosotros, aunque para lograrlo debamos decir aquella frase de Blanche Du Bois…  “siempre he dependiendo de la amabilidad de los extraños”, o esa es mi Visión Particular.

Francisco Lizarazo

@visionesp

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