Estado de México… boscosa artesanía

Alternativas turísticas mexiquenses. La magia boscosa de la “Puerta de provincia”, que cuenta con varias presas, centros vacacionales y hasta pueblos sumergidos; mientras que la riqueza alfarera de un poblado urbano cerca de Toluca, nos invita a conocer su arquitectura sacra y otros artesanales encantos.

Respiro mexiquense

Dos pueblos mágicos del Estado de México, nos pueden otorgar un respiro para alejarnos del estrés. El primero, es bastante conocido por sus balnearios curativos, además cuenta con unas grutas donde se escuchan bandas de jazz y otros sonidos de cámara, así como sus construcciones coloniales y algunos sitios arqueológicos. Nuestra segunda opción, es una pequeña localidad envuelta por leyendas, cascadas, una presa y otras reconfortantes atracciones.

Moscú… y su enigma arquitectónico

Viajamos al norte europeo, a la capital del único país que limita con 16 naciones… Moscú. En este artículo homoespaciero mencionaremos su famosa Plaza Roja y el Kremlin, catalogados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1990; algunas edificaciones famosas del primer cuadro moscovita, como los Almacenes GUM, el Museo Estatal de Historia de Rusia y el Mausoleo de Lenin; así como su maravilla… la Catedral de San Basilio.

Sincretismo poblano

La magia poblana entre las letras de este artículo donde conoceremos algo de una prehispánica ciudad sagrada, que desde sus orígenes ha permanecido poblada y es famosa por sus centenares de iglesias; en otros rincones de este estado, un fruto indígena le otorga el nombre a una entidad donde aún se conservan tradiciones otomíes y nahuas, un capricho ambiental cubierto por serranías; para concluir este turístico recorrido, el misticismo de un poblado que guarda en su aroma el café.

“El Moto” Méndez

Hacer turismo es más que visitar lugares hermoso, comer lo mejor de la gastronomía local, o tomarse selfies frente a los monumentos, es conocer más de la historia de ese lugar, entender en qué nos parecemos, qué han hechos ellos y qué podemos hacer nosotros, nos sorprenderemos de las cantidad de cosas que nos unen y olvidaremos – al menos un rato – que somos el ombligo del mundo